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martes, 24 de marzo de 2015

ORACION DEL PADRE

ORACIÓN DEL PADRE
 
AYÚDAME, SEÑOR, a comprender a mis hijos, a escuchar pacientemente lo que quieren decirme y a responderles todas sus preguntas con amabilidad.Evítame que los interrumpa, que les dispute o contradiga.

HAZME cortés con ellos para que ellos sean conmigo de igual manera. Dame el valor de confesar mis errores y de pedirles perdón cuando comprenda que he cometido una falta.

IMPÍDEME que lastime los sentimientos de mis hijos. Prohíbeme que me ría de sus errores o que recurra a la afrenta y a la mofa como castigo.
NO ME permitas que induzca a mis hijos a mentir y a robar. Guíame hora tras hora para que confirme, por lo que digo y hago, que la honestidad es fuente de felicidad.

MODERA, te ruego, la maldad en mí. Evítame que los incomode y cuando esté malhumorado, ayúdame, Dios mío, a callarme. Hazme ciego ante los pequeños errores de mis hijos y auxíliame a ver las cosas buenas que ellos hacen.
AYÚDAME a tratar a mis hijos como niños de su edad y no me permitas exigirles el juicio y convicciones de los adultos. facúltame para no robarles la oportunidad de confiar en sí mismos, pensar, escoger o tomar decisiones.

OPÓNTE a que los castigue para satisfacer mi egoísmo. Socórreme para concederles todos los deseos que sean razonables y apóyame para tener el valor de negarles las comodidades que yo comprendo que les harán daño.


HAZME justo y ecuánime, considerado y sociable para con mis hijos, de tal manera que ellos sientas hacia mí, estimación. Hazme digno, Señor, de que sea amado e invitado con mis hijos.

martes, 10 de marzo de 2015

LA ESPERANZA CUARESMA


La esperanza no es fingir que no existen los problemas, es realmente la forma más exacta de encontrar las soluciones, que nos brinda la vida cotidiana.
Es la confianza de saber que estos no son eternos, que las heridas curarán, y las dificultades se superarán. Es tener fe, es una fuente de fortaleza y renovación absoluto de nuestro interior, la que nos guiará desde la oscuridad hacia la luz.
Cuando el amor profundo de tú vida no te quiere, cuando la llamada que esperas nunca llega, cuando no consigues el trabajo que deseas, cuando no recibes la invitación que esperabas..... el mensaje no es que no te lo mereces..... el mensaje no es que no eres importante..... el mensaje es que tú mereces algo mejor. Cada vez que sientas decepción por no recibir lo que deseas ó esperas, no lo veas como rechazo ó mala suerte.... simplemente piensa que es una tremenda oportunidad a algo mucho mejor de lo que esperabas obtener de la vida.
La vida está hecha de millones de momentos, vividos de mil maneras distintas ó diferentes. Algunos, buscamos amor, paz, armonía, comprensión, ternura. Otros sobrevivimos día a día, semana a semana, mes a mes, y de año a año. Pero no hay momentos más plenos que aquel en el cual descubrimos con alegría, que la vida , con sus constantes alegrías, y sus penas, debe ser vivida a plenitud día a día.
Aunque vivamos en una mansión de cuarenta cuartos, rodeados de riquezas y siervos los cuales nos sirven a plenitud ó en una choza humilde, ó luchemos de mes en mes para pagar el alquiler, tenemos el poder absoluto de estar totalmente satisfechos, y vivir una vida con verdadero significado.
Día a día, semana a semana, mes a mes, año a año, tenemos ese poder absoluto, gozando cada momento que nos ofrece la vida, y regocijándonos de cada sueño. Porque, cada día es nuevo y flamante, y podemos empezar de nuevo y realizar todos nuestros más anhelados sueños, en un mundo futurista.
¡CADA DÍA ES NUEVO, Y SI LO VIVIMOS PLENAMENTE, PODREMOS REALMENTE GOZAR DE LA VIDA Y VIVIRLA A PLENITUD, Y REALIZAR NUESTROS MÁS ANHELADOS SUEÑOS FUTUROS!


La misericordia del Señor es la razón de nuestra esperanza y de nuestra conversión. Nuestra conversión es necesaria aunque nunca debemos olvidar que el amor misericordioso de Dios es mucho más grande que nuestro pecado. Él sigue saliendo todos los días al camino de nuestra vida para llamarnos a que volvamos a su amor; sí, Dios se llenará de tremenda alegría cuando nos decidamos a volver a la casa paterna de donde marchamos.
Lo primero que debemos hacer para comenzar el camino de retorno es reconocer que nos hemos equivocado, que nos hemos ido muchas veces por otro camino, pero que podemos rectificar. Es más, sabemos que debemos rectificar, que el camino recorrido equivocadamente no es un camino sin retorno: gracias al amor misericordioso del Padre nada está perdido; al contrario, el Padre bueno y misericordioso nos espera con los brazos abiertos y se alegra profundamente en su Corazón con nuestra vuelta a su casa. 
El Papa Francisco, en su Exhortación Evangelii gaudium, introduce esta bella oración: “Señor me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy para renovar tu alianza contigo. Te necesito. 

Rescátame de nuevo. Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”. ¡Qué hermosa esta oración y qué manera más apropiada de colocarnos al comienzo de esta Cuaresma! ¡Reconozcamos nuestras equivocaciones y estemos dispuestos a rectificar sabiendo que Dios nos espera!
Finalmente, no podemos olvidar que la esperanza es otra de las actitudes importantes en este tiempo de Cuaresma: esperanza en que el Señor sigue a nuestro lado, aunque nosotros le hayamos olvidado, aunque no hayamos querido seguir su camino, aunque nos hayamos hecho sordos a la voz de sus llamadas. 

Es esta esperanza la que nos alienta a poner aquellos medios que van a ayudarnos a salir de la cerrazón en la que nos ha introducido el pecado: el ayuno, por el que nos damos cuenta de que no podemos dárnoslo todo, que no todo gira en torno a nosotros, sino que nada es debido y todo es regalado; la oración que nos abre a Dios porque nos sentimos especialmente necesitados de Él y necesitamos pedirle que nos ayude, y que allí donde no lleguemos por nuestras propias fuerzas que sea su gracia la que nos haga avanzar por el camino que Él desea; y, en tercer lugar, la limosna que nos abre al prójimo y nos hace sentir la necesidad de usar mejor de los bienes de los que tantas veces hemos abusado y emplearlos con mesura sabiéndolos compartir con los demás, especialmente con los más necesitados.

viernes, 6 de marzo de 2015

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA 14 AL 21 JULIO

Que es peregrinar a  tierra  Santa? porque  peregrinar?
Es ir a  conocer la raíz de nuestra  fe,  caminar por los mismos  lugares por  donde camino  Jesucristo, es sentarnos  en el  monte  tabor,  es  buscar el  lugar perfecto en el Tiberiades, es entrar  en el belén,  en vivir la  la pasión en nuestras propias  carnes  de  Jerusalen, es celebrar  la comunión con  los  cristianos  que profesan la misma  fe que profesamos.
Es conocer la  vida.
  
¿Qué tiene esta ciudad que atrae a todos tan profundamente?
¿Qué es lo que motiva al peregrino cristiano para venir a Jerusalén?

Jerusalén es el corazón de la Tierra Santa, la síntesis de la acción de Dios por el bien de toda la humanidad.

Así lo explica Juan Pablo II con palabras llenas de emoción:
 “¡Cuántos recuerdos, cuántas imágenes, cuánta pasión y qué gran misterio encierra la palabra “Jerusalén”! Para nosotros, los cristianos, representa el punto geográfico de la unión de Dios con los hombres, de la eternidad y la historia”.

Pero para hacer una peregrinación a Tierra Santa hay que ponerse en camino y hacer del viaje físico un “camino del alma”...


... y caminar sobre esta tierra con el corazón, el alma y la mente en escucha para llegar a un encuentro:
Eucaristia  en  santo  sepulcro.

testimonio  de Catholic.net

Decálogo de una peregrinación a Tierra Santa. Por el P. Jesús de las Heras (2005)

Escribí este decálogo en la tarde del domingo 4 de diciembre en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv.

Una semana después, al volver a leerlo, experimento el gozo y el privilegio del don recibido de una nueva peregrinación a Tierra Santa. Bendito sea el Señor que ha hecho, para mí y por mí, prodigios en la ciudad amurallada y en la Tierra Santa. Bendito sea el Señor y gracias a los hombres que en esta ocasión lo han hecho posible. Amén.

Y mientras sigo pensando en regresar a Tierra Santa. -"Al que viene en Jerusalén"- ofrezco este decálogo de conclusiones.

1.- Peregrinar a Tierra Santa es don inmenso de Dios, es gracia colmada y rebosante, es espléndida oportunidad para conocer el país de la Biblia y la tierra de Jesús. ¡Qué bueno y qué grande sería si todos los cristianos pudieran peregrinar siquiera una vez a Tierra Santa! Peregrinar a Tierra Santa como es don es también tarea el ser testigo de ello.

2.- Peregrinar a Tierra Santa es continuar, prolongar, actualizar y empalmar en una larga y venerable tradición de peregrinos a lo largo de los siglos. Son los miles y millones de peregrinos anónimos. Son peregrinos ilustres como Egeria, Santa Elena, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, Beato Charles de Foucauld o los Papas Pablo VI y Juan Pablo II.

3.- Peregrinar a Tierra Santa no será tanto la búsqueda milimétrica y científicamente indudable de los mismísimos lugares del Señor -la mayoría de ellos así contrastados ya por la historia, por la arqueología y por la exégesis bíblica y crítica- cuanto abrirse a su geografía, a su paisaje, a su paisanaje y a la dos veces centenaria tradición.

4.- Peregrinar a Tierra Santa es también contradicción, paradoja, hasta, en algunos casos, dolor y escándalo. Tierra Santa ha sido la porción territorial más disputada de la historia. Y así lo sigue siendo. Tierra Santa es santa y sagrada para las tres grandes religiones históricas. Tierra Santa habla de humanidad por sus cuatro costados. Y el peregrino tendrá que orar, contemplar, celebrar y venerar muchas veces desde el bullicio, las prisas, la precariedad, el cansancio, la extenuación, el bochorno, la esterilidad, el dolor e incluso el llanto.

5.- Peregrinar a Tierra Santa es tiempo y espacio para el encuentro, el diálogo, el afecto y el respeto por las otras Religiones, especialmente el Judaísmo y el Islamismo. Esta peregrinación supone también el esfuerzo por conocer sus culturas, tradiciones y expresiones actuales de las mismas.
6.- Peregrinar a Tierra es renovada ocasión para comprobar el escándalo de la división de los cristianos y para rezar y trabajar por la unidad de todas las Iglesias y confesiones que reconocen a Jesucristo, el hijo de Tierra Santa, como su Señor.

7.- Peregrinar a Tierra Santa es realizar un apasionante recorrido por la historia de la humanidad de occidente y del próximo oriente en los últimos tres-cuatro mil años. Es sumergirse en las culturas y civilizaciones cananita, israelí, babilónica, persa, helena, romana, bizantina, musulmana, cruzada, mameluca y otomana hasta llegar a los años entre guerras del siglo XX en que el País estuvo controlado por Gran Bretaña y hasta que en 1948 nace el Estado judío de Israel y surge después la Autoridad nacional de los a día de hoy territorios autónomos palestinos.

8.- Peregrinar a Tierra Santa es experimentar la necesidad de la paz, el don de los dones del Señor de Tierra Santa. La paz ha sido muchas veces una efímera quimera en Tierra Santa. Hoy también es débil, frágil, precaria, insuficiente. No es cuestión de dividir sus habitantes entre buenos y malos, entre opresores y oprimidos. Es cuestión de contribuir a su encuentro, a su reconciliación y a su común construcción de la paz. En este sentido, el muro de Belén y de la franja de Gaza y Cisjordania no es símbolo de paz, como no son los atentados suicidas. El peregrino a Tierra Santa debe testimoniar y servir a la paz.
9.- Peregrinar a Tierra Santa conlleva para el peregrino actitudes de esfuerzo, paciencia, espera, apertura, disponibilidad, solidaridad, fe, oración, capacidad de contemplación y de admiración, espíritu de búsqueda y sencillez y limpieza de corazón.

10.- Peregrinar a Tierra Santa es el quinto evangelio. Es el encuentro con el espacio que se encontró con la Santísima Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo. Es entender lo concreto, cotidiano, grande, humilde, limitado, precario y hermoso de la Encarnación. Es dejar hablar a las piedras, a las montañas, a los valles, al lago, al Jordán y a los caminos de Quien por ellos estuvo, anduvo e hizo el bien. Tierra Santa es la patria de Jesús y es, por ello, la patria de los que queramos ser sus seguidores, sus testigos y sus discípulos.

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